Cuentos de verano III - Escuela de verano para escritores (Julio)

18:05

escuela de verano para escritores noveles, verano 2016

Hoy conocemos a Sandra, alumna de la escuela de verano. Sandra me conquistó el corazón con su texto, así que tuve que seleccionarlo como el ganador del reto 3. El reto 3 consistía en escribir una historia de fantasía con una protagonista de tan solo seis años con poderes mágicos y cuyo pueblo acababa de ser masacrado. El relato de Sandra me encantó porque supo ponerse en la piel de esta niña a la perfección.


sAndra - GANADORA DEL RETO 3

Mi nombre es Sandra Rego, aunque utilizo como nombre "artístico" Sandra Duermevela. Creo que no sabría vivir en esta vida sin escribir o viajar, más que nada creo que no sabría hacer otra cosa diferente.


Supongo que mi sensibilidad me hace escribir. Hay tantas cosas que no entiendo, que me parecen injustas o, simplemente me parecen tan bellas, que dejarlas tan solo en la memoria me parece un riesgo.

Desde pequeña sabía que quería ser periodista, pero con el tiempo me he dado cuenta de que mi sueño real era escribir un libro. Por ahora estoy preparando un blog en el que empezaré a colgar mis historias guardadas en notas y servilletas.

Mientras tanto podéis encontrarme en instagram: Sandra Duermevela, dónde voy colgando algunas inspiraciones cuando no puedo dormir.

Morriña, ambición y sueños son las tres palabras que me definen. 


CUENTO 3

Tenía miedo. Bueno no sabía lo que era, pero se parecía bastante a cuando jugaba al escondite y me sorprendían con un susto.  Aunque eso nunca pasa, porque cuando me concentro mucho puedo jugar a esconderme detrás de un árbol más estrecho que yo y aun así nadie me ve. Es un poco aburrido, porque siempre gano. Y los niños de mi aldea ya no quieren jugar más conmigo.

Algunas veces, cuando veo que están a centímetros de mí se me acelera el corazón, pero al final nunca me ven. No lo entiendo. Es igual que cuando me enfado con mi mamá y de repente ella juega a ignorarme como si no estuviera en casa. Soy tan buena al escondite que hasta papá no me encuentra cuando quiere castigarme.

Ahora tengo miedo de que me descubran los malos por los continuos latidos que salen de dentro de mi pecho. No sé dónde está mamá ni papá. Ni mi hermanito pequeño. Aquí solo veo polvo, líquido rojo y gente gritando y sollozando. Otros están intentando jugar al mismo juego que yo: están muy quietos, muy quietos para que no los encuentren siguiendo sus latidos del corazón. Pero ellos lo hacen muy bien, de verdad que no se les escucha nada, nada. Tengo que preguntarles cómo lo hacen.

Mi estómago comenzó a hacer ruido. No era un buen momento, iban a descubrir mi escondite. Pero decidí que era el momento de buscar a mis padres. No podían estar muy lejos. Cuando llegaron los hombres malos estábamos a puntos de hacer la cena y yo me encontraba jugando fuera. 

Me levanté y vi el ambiente triste que rodeaba lo que había sido mi aldea. Algunas casas ardían y otras estaban rotas. Otros niños estaban llorando buscando a sus padres como yo,  y otros continuaban jugando al escondite. A mí ahora mismo no me apetecía jugar más.

Llegué a lo que había sido mi casa, era una de las que había ardido. No pude entrar para buscar a mi hermano, pero pensé que, mis padres con lo listos que son, seguro que habían buscado un refugio mejor donde no los encontraran los malos.

Seguí andando, seguramente los encontraría por el camino. Anduve y anduve durante horas, y mi estómago me decía que buscara comida pronto. Pero seguía sin saber dónde estaban mis padres.

Llegué al bosque. Me lo conocía bien, había estado muchas mañanas allí con mi padre. Pero, de repente llegó un hombre a caballo y yo intenté hacerme la muerta como decían mis padres que hiciera si olía a peligro, y esta vez olía a kilómetros. 

El hombre a caballo pasó a escasos metros de mí, pero al poco rato bajó del caballo y pude ver que llegaba al final de unos árboles dónde se bifurcaba un camino. Nunca había cogido el de la derecha, mi padre me había dicho que allí solo estaba el rey y que no tenía ningún sentido ir a molestarle. Pero este hombre se dirigía allí, y pensando que mis padres igual habían hecho lo mismo al haber sido atacada la aldea por los malos, decidí seguirle. Cuando llegamos al reino, me concentré para pasar desapercibida y al ser tan pequeñita de estatura, así fue. Nadie me vio. 

El rey estaba allí, tan gordo como me lo imaginaba, con una barba que le llegaba al cuello. El rey se reía mientras azotaba a una pareja que se parecía mucho a mis padres. Pero no podían ser ellos; los buenos no reciben azotes.

—Decidme dónde está y os dejaré libres —gritaba el rey.
—Nunca os lo diremos —exclamó el hombre que se encontraba de rodillas frente a él, que tenía la misma voz que mi padre.

De repente, el rey enmudeció y sus ojos estaban fijos en mí. No detrás, ni unos metros más adelante. Me había dado cuenta que el rey me había descubierto.

¡Esto ha sido todo por hoy! ¿Os ha gustado el relato de Sandra? Yo disfruté muchísimo con él, así que espero que vosotros también. Si tú también quieres participar en una segunda edición del cursillo, puedes dejarme aquí abajo tu nombre y email para que te avise si lo vuelvo a organizar en Agosto.



Alicia

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1 comentarios

  1. ¡Hola! Me gustó mucho su historia y quisiera leer más de sus publicaciones. ¡Sandra es una excelente escritora!

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